Con mayor frecuencia de la deseada o admitida y, como parte del desarrollo evolutivo normal de niños y adolescentes, estos desarrollan conductas agresivas y desobedientes, así como de oposición y desafiantes con los progenitores, tutores, familiares o educadores. La intensidad de este comportamiento y el traspaso de ciertos límites, como son la frecuencia con la que se producen y la magnitud y perseverancia de los mismos, puede hacer necesario el trabajo psicoterapéutico de intervención con el niño o el adolescente y los progenitores o tutores, de forma que se puedan paliar y reconducir estos comportamientos a edades tempranas y no aniden lo suficiente.

Aquellos problemas de comportamiento considerados leves, no hacen necesaria una intervención psicoterapéutica, bastando el trabajo parental apoyado y asesorado por el psicólogo, para lograr un correcto dominio de las contingencias, empleo de técnicas de refuerzo, etc. Cuando los problemas son de amplio espectro e incidencia, el trabajo parental ha de ser complementado con el tratamiento directo con el niño o adolescente, tanto en la etapa diagnóstica como la de intervención.

Los trastornos de conducta suelen presentarse como resultado de la interacción de distintos tipos de predisposición psicobiológica con entornos estresantes. La autorregulación del sistema nervioso autónomo y problemas metabólicos relacionados con ciertas sustancias, pueden ser desencadenantes de la agresividad, así como niveles de testosterona más altos de lo normal. Respecto a factores del entorno, los abusos y el maltrato infantil poseen un alto nivel de correlación, así como la existencia de carencias afectivas, abandono, delincuencia y maltrato parental.

El cuadro de diagnóstico clínico suele presentar una o varias de las siguientes características del comportamiento, con permanencia y continuidad:

  • Agresividad
  • Trasgresión de las normas sociales
  • Ausencia de sensibilidad a los sentimientos de los otros
  • Carácter inapropiado para su edad
  • Impulsividad
  • Carácter manipulador
  • Falta de respuesta adecuada a los premios o el castigo

Como factores desencadenantes y/o asociados más habituales, podemos describir los siguientes:

  • Comienzo temprano de los trastornos de conducta
  • Presencia de TDAH
  • Dé_cit de pautas educativas en la familia
  • Ausencia de puntos de referencia adecuados en la familia
  • Presencia de drogas o alcohol en la familia
  • Ausencias prolongadas de padres o tutores
  • Bajo nivel económico y socio-cultural
  • Abusos y maltrato infantil
  • Violencia y maltratos en el entorno cercano
  • Conducta delictiva en la familia
  • Problemas cognitivos
  • Patologías del lóbulo frontal
  • Cociente intelectual límite

 

La sintomatología más habitual presente en los problemas de conducta se extiende, desde la simple desobediencia, hasta la agresión física, pasando por el insulto verbal, el menosprecio a personas, el acoso escolar o bulliying, o la violencia sobre el mobiliario urbano y del hogar.

 

Diagnóstico y tratamiento de los trastornos de conducta

El correcto diagnóstico de los trastornos de conducta hace necesaria la evaluación y el análisis funcional de la conducta o conductas problemáticas que presenta el niño o el adolescente, a través de entrevistas con los padres el afectado. La entrevista con los progenitores o tutores es esencial, al comienzo del diagnóstico, para realizar una cualificación correcta del problema y obtener el compromiso e involucración de los progenitores durante el proceso terapéutico, sin los cuales, la intervención puede resultar estéril.

Asimismo, las entrevistas iniciales con el niño o adolescente, donde éste va a aportarnos su punto de vista, permitirán analizar su conducta y obtener información sobre las consecuencias derivadas del comportamiento disruptivo, así como su frecuencia e intensidad. Colateralmente y, sin que haya comenzado el tratamiento, el diálogo y la autoobservación del niño o adolescente durante la entrevista, le va a permitir obtener autoconciencia del problema y de sus consecuencias.

 

La psicoterapia Cognitivo-Conductual es el tratamiento que presenta mayor efectividad en la intervención y tratamiento de los problemas de conducta, si bien puede ser necesario complementarla en los casos más graves también con un tratamiento farmacológico. El objetivo de la intervención psicológica es la mejora de todos los aspectos relacionados con las habilidades comunicativas y sociales, buscando la modificación del comportamiento disruptivo y/o agresivo.

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