Los problemas sexuales son dificultades, ya sean de carácter orgánico o psicológico, que limitan a la persona y le impiden disfrutar plenamente de su sexualidad.
Es normal que una pareja sufra altibajos sexuales, periodos en los cuales la atracción por la otra persona aumenta y el deseo sexual se intensifica, seguidos por momentos en los que la motivación por mantener relaciones sexuales disminuye.
En la mayoría de los casos estos cambios están condicionados por la vorágine de la vida cotidiana, que centra nuestra atención en el trabajo, los problemas económicos o las dificultades familiares.
Sin embargo, los trastornos sexuales no son simples cambios normales en la libido, sino problemas mucho más complejos que afectan profundamente la relación de pareja y generan inseguridad, ansiedad e insatisfacción en quien los padece. Afortunadamente, la mayoría de los problemas sexuales tienen causas psicológicas y se pueden solucionar recurriendo a la terapia en sexualidad.

Los diferentes tipos de trastornos sexuales

En el ámbito de la sexología se hace referencia a dos grandes tipologías de trastornos sexuales:

Disfunciones Sexuales

Las disfunciones sexuales son una alteración en alguna de las fases de la respuesta sexual, cuyas fases son:

Se trata de una inhibición o exacerbación del deseo o cambios anormales en el ciclo de la respuesta sexual.
Entre los problemas más usuales que se agrupan dentro de esta categoría se encuentran: el deseo sexual hipoactivo, los trastornos de erección, la anorgasmia y la adicción al sexo.

Parafilias: se trata de una activación sexual ante objetos o situaciones que culturalmente no son considerados como erógenos y que afecta la capacidad de la persona para establecer una relación de pareja satisfactoria, tanto desde el punto de vista afectivo como sexual. Entre las parafilias más comunes se hallan: el fetichismo, el exhibicionismo y el sadomasoquismo.

La mayoría de las personas o parejas que padecen un problema sexual lo sufren en silencio, pero en realidad no hay nada de qué avergonzarse. De hecho, los problemas sexuales son uno de los principales motivos de consulta en los gabinetes de Psicología.

¿Por qué aparecen los problemas sexuales?

Los problemas sexuales pueden empezar muy temprano, incluso antes de la primera relación sexual, o pueden aparecer más tarde e independientemente de que la persona haya mantenido una vida sexual satisfactoria.
En ocasiones el problema se desarrolla de manera gradual, con el paso del tiempo, pero otras veces puede aparecer de manera repentina e instaurarse rápidamente. De la misma forma, hay casos en los que se produce una incapacidad total para disfrutar del sexo mientras que en otros se evidencia una discapacidad parcial que afecta solo a alguna de las fases del acto sexual.

Problemas sexuales: causas orgánicas

En algunos casos los problemas sexuales tienen una causa fisiológica, entre las más comunes se encuentran:

Trastornos sexuales: causas psicológicas

Por lo general, las causas más frecuentes de los problemas sexuales se hallan en el plano psicológico. Algunas de las más comunes son:

No obstante, se debe aclarar que los problemas sexuales casi nunca están originados por una sola causa, sino que en su base se encuentran diferentes factores. De hecho, la práctica clínica ha demostrado que incluso detrás de una causa fisiológica se pueden esconder motivos de índole psicológica que se añaden al problema físico y lo empeoran. Los más comunes son la ansiedad, el miedo al fracaso y las creencias negativas sobre el sexo.

Problemas sexuales tratados desde la psicología sexual

Los problemas sexuales que tratamos son:

Eyaculación Precoz

Aproximadamente el 39% de los hombres padece o ha padecido de eyaculación precoz, una alteración de la respuesta orgásmica y eyaculatoria, que se activa ante el más mínimo estímulo sexual. El hombre se excita con demasiada rapidez y, como no logra controlar su respuesta eyaculatoria e identificar el punto de no retorno, eyacula antes de desearlo. Como resultado, ambos miembros de la pareja suelen experimentar una gran frustración. Se trata de un problema muy común en los jóvenes, sobre todo cuando comienzan sus relaciones sexuales y han creado hábitos de masturbación inadecuados, aunque puede aparecer en cualquier momento de la vida.

Eyaculación Retardada

Aproximadamente entre el 1% y el 4% de los hombres padece eyaculación retardada, una disfunción sexual que se refiere a la dilación excesiva de la eyaculación y el orgasmo durante la relación sexual. En este caso, el hombre tarda tanto en llegar al clímax que la situación llega a ser incómoda y frustrante para ambos miembros de la pareja ya que no pueden conseguir el orgasmo cuando lo desean sino tan solo después de una larga sesión de estimulación sexual, que a menudo resulta agotadora.

Disfunción eréctil o impotencia

Este trastorno suele afectar a cerca del 18% de los hombres y se trata de una incapacidad persistente para mantener una erección adecuada hasta el final de la relación sexual. Esto significa que los problemas de erección pueden aparecer en cualquier momento del coito, ya sea antes de la penetración, en el momento de esta o durante los movimientos coitales. En algunos casos el hombre solo logra la erección a través de la masturbación y en otros casos ni siquiera logra penetrar. En la base de este trastorno a menudo se encuentra una fuerte ansiedad, el miedo al fracaso y la creencia de que la masculinidad está indisolublemente ligada a la potencia de la erección.

Anorgasmia

Se refiere a la incapacidad para alcanzar el orgasmo, ya sea el hombre o la mujer, después de haber tenido una fase de excitación normal. La disfunción orgásmica femenina afecta a casi el 42% de las mujeres y casi siempre es primaria; es decir, se trata de mujeres que nunca han conseguido un orgasmo a través de sus relaciones sexuales. No obstante, también existe la disfunción orgásmica masculina, un problema que afecta al 9% de los hombres. Lo más usual es que el hombre no pueda eyacular durante el contacto genital, pero puede hacerlo mediante la estimulación manual u oral. En otros casos, el hombre logra eyacular, pero no experimenta el orgasmo, es decir, el placer vinculado a este acto.

Dispareunia

La principal característica de este problema es que la mujer siente dolor durante la relación sexual. Se estima que aproximadamente el 39% de las mujeres padece dispareunia, una dificultad que no se debe a una causa física ya que los exámenes no reportan ninguna anormalidad, sino que tiene un origen psicológico, muchas veces en un trauma vinculado a una violación o debido a creencias erróneas sobre la sexualidad. La falta de confianza en la pareja y la incapacidad para entregarse completamente también son desencadenantes de este problema.

Vaginismo

Se trata de una contracción involuntaria de los músculos del primer tercio de la vagina cuando ocurre la penetración, un problema que afecta al 5% de las mujeres y que en muchos casos no está vinculado exclusivamente a la penetración genital, sino que también ocurre, por ejemplo, con los tampones o espéculos. De hecho, en los casos más graves la idea de la penetración es capaz de producir por sí sola el espasmo vaginal. En algunos casos la contracción es ligera y solo produce un leve malestar, pero otras veces es tan intensa que impide la penetración. No obstante, algunas mujeres pueden disfrutar de los juegos sexuales y alcanzar el orgasmo a través de estos.

Falta de deseo sexual

También conocido como deseo sexual hipoactivo, es un problema que afecta a muchas parejas y se refiere a la disminución o ausencia de fantasías y deseos de mantener una relación sexual, lo cual provoca un malestar acusado en la relación. Las estadísticas indican que el 25% de los hombres y el 37% de las mujeres sufren este trastorno en algún momento a lo largo de su vida sexual activa y, si no buscan una solución rápidamente, puede convertirse en un problema crónico. En la base de este trastorno se suelen encontrar desde los problemas cotidianos que suman mucho estrés y ansiedad, hasta trastornos del estado de ánimo como la depresión, problemas de comunicación en la pareja o hastío en las relaciones sexuales debido a la monotonía.

Aversión al sexo

Las personas que padecen este trastorno rechazan cualquier tipo de contacto sexual con su pareja, sobre todo el contacto genital. En muchos casos el origen de esta disfunción se debe a experiencias traumáticas como abusos, violaciones o fracasos anteriores, los cuales hacen que la persona desconfíe y experimente un profundo miedo a mantener un contacto íntimo. Quien lo padece, sufre ansiedad y un temor intenso a medida que se acerca el momento de la relación sexual e incluso puede experimentar ataques de pánico. En los casos más extremos, la persona muestra una gran repulsión por todos los estímulos que, a sus ojos, puedan tener una connotación sexual, desde un simple beso hasta las caricias.

Adicción al sexo y ninfomanía

Se estima que alrededor de un 6% de las personas experimentan un impulso sexual excesivo, que podría dar lugar a la ninfomanía, en el caso de las mujeres, y la satiriasis, en el caso de los hombres. Estas personas viven obsesionadas con la relación sexual, de manera que este tipo de pensamientos ocupan gran parte de su día y a menudo interfieren en su trabajo, estudios o relaciones interpersonales. Esta adicción puede conducirlos a asumir conductas sexuales de riesgo que después generan un profundo sentimiento de culpa. Poco a poco, la persona se va encerrando en un círculo vicioso e invierte cada vez más tiempo en buscar y mantener relaciones sexuales, en el consumo de pornografía o en la práctica de la masturbación, hasta que estas conductas llegan a interferir profundamente en su vida cotidiana y se convierten en un lastre.
Los expertos en el tema han desarrollado el ciclo repetitivo que se observa en los aquejados por este trastorno. Los mismos serían: Obsesión, Cacería, Reclutamiento, Gratificación sexual, Retorno a la normalidad, Justificación, Culpa, Vergüenza, Desesperación y Promesas.

Parafilias

Se calcula que un 1% de la población sufre algún tipo de parafilia, aunque en realidad este problema puede ser aún mayor ya que muchas personas nunca llegan a solicitar ayuda psicológica. Quien sufre este trastorno no suele encontrar el placer en el acto sexual, sino que necesita apoyarse en objetos o actividades que para la mayoría no tienen ningún poder erógeno para conseguir la excitación. Como resultado, a estas personas se les dificulta mantener una relación de pareja satisfactoria, tanto desde el punto de vista afectivo como sexual.

Cuando los problemas sexuales en la pareja trascienden la sexualidad

Los problemas sexuales afectan la capacidad de la persona para disfrutar de una relación sexual plena y satisfactoria pero sus consecuencias no terminan ahí. Los trastornos en el área de la sexualidad también pueden afectar la relación de pareja y provocar daños en la autoestima de la persona.

Daños en la relación de pareja. A menudo los problemas sexuales acarrean dificultades en la pareja, casi siempre debido a la falta de comunicación. La persona que sufre el trastorno se siente avergonzada e insegura y no quiere compartir estos sentimientos con su pareja, lo cual suele generar un distanciamiento emocional, por lo que no es extraño que los problemas sexuales a veces conduzcan a la separación.

En este sentido, se ha podido apreciar que el compromiso y el grado de confianza que se hayan creado a lo largo de la relación de pareja son fundamentales para resolver con éxito esta dificultad. De hecho, se estima que las parejas que tienen problemas sexuales durante los primeros 3 años de su relación tienden a separarse, pero cuando estos trastornos aparecen más tarde, el número de parejas que asiste a consulta y logra superar el problema se incrementa.

Daños psicológicos. La esfera sexual también forma parte de nuestra identidad, por lo que un trastorno en este ámbito puede provocar un profundo cambio en la autoimagen e incluso puede acarrear daños en la autoestima. A menudo la imagen de género es la que más se resiente, sobre todo cuando la masculinidad o la femineidad están muy vinculadas al desempeño sexual y a la capacidad para dar y recibir placer sexual a través del coito.

Además, cuando la persona siente que no tiene el control y no puede experimentar placer en la relación sexual o proporcionárselo a su pareja, suele sentirse avergonzada y frustrada. Como a cada nuevo intento se le suma el fantasma del fracaso anterior, la tensión y el estrés aumentan a medida que pasa el tiempo y se crea un círculo vicioso del cual es muy difícil salir sin ayuda. De hecho, cuando la persona cree que no podrá superar el problema comienza a adoptar una actitud derrotista y la depresión no tarda en aparecer.

LA TERAPIA SEXUAL COMO SOLUCIÓN

Para solucionar los problemas sexuales normalmente no es suficiente con el deseo, la motivación y las buenas intenciones. Para superar los problemas sexuales casi siempre es necesario recurrir a un terapeuta sexual, un especialista, que pueda descubrir las causas de la disfunción e indicar las estrategias más convenientes para hacerle frente y aprender a disfrutar plenamente de la sexualidad.
Se debe llevar a cabo un tratamiento en el cual se combine diferentes estrategias, dependiendo de las necesidades de cada caso:

EFICACIA DE LA TERAPIA SEXUAL

Como regla general, la terapia sexual se enfoca en el síntoma psicológico, por lo que generalmente es muy eficaz. Además, entre todos los trastornos psicológicos, los problemas sexuales suelen ser los más fáciles de superar, a menos que exista un trauma profundo de base.

Como norma, la terapia sexual es una terapia de duración breve. Si bien se debe aclarar que la extensión y la eficacia de la terapia variarán dependiendo de algunos factores como la gravedad del problema en cuestión, el tiempo que lleve instaurado, las causas que lo originaron y sostienen en la actualidad, así como la motivación de la persona para involucrarse en la terapia y seguir las orientaciones del psicólogo.

Lo usual es que se realicen una o dos sesiones de diagnóstico y después se da paso a la terapia propiamente dicha. En el caso de las personas que tienen pareja, es recomendable que esta participe, al menos en algunas de las sesiones, ya que la sexualidad siempre es cosa de dos.

¿Qué lograrás a través de la terapia sexual?

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